Comenzaron las audiencias del juicio contra Ford por su participación en la última dictadura

El martes comenzaron las audiencias del juicio oral contra el exgeneral del ejérctio Santiago Riveros y dos exdirectivos civíles de la empresa Ford de General Pacheco, Pedro Müller y Hector Francisco Sibilla, por delitos de lesa humanidad cometidos en el marco de la última dictadura cívico-militar. El primer turno fue para el extrabajador, delegado sindical y sobreviviente Pedro Troiani que incluyó en su testimonio datos precisos de la colaboración y participación de la empresa multinacional con el régimen militar y detalles de su propio secuestro.

La jornada se llevó a cabo ante el Tribunal Oral Federal N1 de San Martín a partir de las 9.30 ante la presencia de familiares, referentes de organismos de derechos humanos como Damián Ravenna de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) regional zona norte, Eduardo Tavani de la APDH nacional y Antonio Fernández del SerPaJ zona norte, entre otros.   

Troiani relató en su declaración que ingresó a trabajar en el área de montaje de la planta automotríz en el año 1963 cuando tenía 25 años. También, contó que la contaminación por el plomo era la principal causa de reclamos, junto a los accidentes laborales graves y constantes, que ejercía en su condición de delegado sindical. “El sindicato Smata hacía oídos sordos a los reclamos de los trabajadores y el Ministerio de Trabajo no respondía las denuncias”, afirmó.

Gracias a la lucha, en 1975 lograron un convenio colectivo que era uno de los mejores del país, logrando entre otras cosas un aumento del 100 % de los sueldos y el 1 % del valor de cada auto que sería destinado a la obra social (dinero que finalmente el gremio jamás usó para tal fin).

Troiani recordó con precisión que la conducción del Smata, meses antes del golpe, los llamó a un plenario de delegados en la Federación de Box. Allí el secretario general José Rodríguez (el legendario burócrata que manejó el sindicato entre 1973 y 2009, cuando murió) les dijo que se venía el golpe, que él iba a amoldarse y que los cuadros medios iban a ir presos. “¡Si eso no fue una amenaza! Todos los trabajadores de distintas fábricas del Smata sufrimos esa amenaza”, exclamó el extrabajador ante el Tribunal. Ya antes del golpe genocida, la Prefectura Naval vigilaba la fábrica y los obreros sospechaban que había servicios de inteligencia dentro de la planta.

En su testimonio, Troiani recordó también que el 24 de marzo de 1976 se militarizó la fábrica, había tanques, camiones del Ejército, tanquetas, helicópteros. “Fue un operativo impresionante, nos pedían documentos. Ese día la guardia de Ford retuvo a Reposi y se lo entregó a los militares que lo pusieron en un camión que tenían dentro de la fábrica y esa misma noche se llevaron a otros dos delegados del comedor, Di Giusti y Constanzo. A medida que pasaron los días fueron desapareciendo otros compañeros y sus familiares venían a la puerta de la fábrica a preguntar por ellos”, aseguró.

En el relato, explicó como el personal de empresa junto a fuerzas del Ejército manejaban el control de ingreso y egreso a la planta. También, como Ford proveía a las fuerzas militares de vehículos, combustible y hasta un sitio para que descansen en el lugar de almuerzo de los trabajadores. En ese contexto recordó que habían casi 60 militares que recorrían la planta todo el tiempo, armados y uniformados.

Troiani, también contó  que otro de los favores que Ford realizaba a la dictadura de 1976 era la salida constante del sector “reparación final”, de muchas unidades de autos Falcon sin identifiación ni patente.

“En una oportunidad me presenté a pedir información sobre mis compañeros desaparecidos y el teniente coronel Molinari, quien estaba dentro de la fábrica, me dijo que ya me iban a buscar a mí también”, expresó Troiani.

Sobre su secuestro, Troiani contó: “El martes 13 de abril (de 1976) fiché como todos los días, fui al vestuario y en mi sección el capataz me dijo que no me mueva de mi lugar porque me estaban vigilando. Yo me fui al baño y alrededor de las 9 de la mañana una camioneta con unos ocho militares caminando alrededor se acercaba a mi sección. El capataz me señaló y los del Ejército me esposaron. En ese momento la gente reaccionó, empezó a silbar, pararon la producción. A mitad del pasillo lo levantaron a Conti, que era subdelegado de mi sección. Llegaron a chasis y ahí pararon la camioneta, nosotros íbamos al costado esposados y apuntados. Ahí lo trajeron a Propato, que lo empujaban con las culatas de los fusiles. Lo trajeron ahí a Traverso y nos subieron a los cuatro a la camioneta. Era una F-100 interna de la empresa que se usaba para mantenimiento. Nos llevaron por una calle interna del predio hasta estampado, donde pararon y lo subieron a Portillo”.

philo

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